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23-07-2015

Entrevista a Cristian Veléz

Fundador del grupo

Entrevista a Cristian Veléz

1-¿Cómo fundador del grupo "LA PARED INVISIBLE" cuál es el balance que hacés luego de 10 años de trabajo? 

El balance es muy positivo, porque ha sido en primer lugar un gran aprendizaje, desde lo que significa la construcción de equipos de trabajo, pasando por los aspectos vinculados a la puesta en escena, la dirección de actores, la administración de los recursos económicos estrechamente vinculados a la gestión artística, hasta el que para mí es el más importante, que es el de la creación de hechos estéticos  propios del lenguaje teatral, dirigidos a los niños. Que requieren discursos  atractivos y divertidos, que despierten su imaginación, que los enriquezcan, que los emocionen y que les abran la posibilidad de reflexión.  

2- ¿La música cumple un rol importantísimo en tus espectáculos, como trabajan con el creador de la música, Marcelo Fandiño? 

La música para mí desde un principio fue fundamental, es por eso que a la primera persona que convoqué al equipo fue al músico Marcelo Fandiño. Es muy habitual que las personas que vienen a ver nuestros espectáculos, nos digan que tienen una impronta cinematográfica y pienso que una buena parte de ello se debe al trabajo que se realiza desde la música incidental que acompaña la acción, recurso que no era tan utilizado cuando iniciamos nuestra labor con Marcelo y que siempre pensé, desde mi época de estudiante de teatro, y posteriormente como actor, que se estaba desperdiciando un recurso con enormes posibilidades estéticas, al no valerse de la música para crear escenografías sonoras que transporten al espectador al imaginario de la obra, reforzando y acompañando la acción, y no me refiero a las canciones, porque ese recurso se utiliza desde hace mucho tiempo, sino a música la incidental. Este concepto evidentemente lo manejaba también Marcelo porque nos entendimos desde el primer momento. En cuanto a nuestro modo de trabajo en los primeros espectáculos, necesariamente nos teníamos que juntar para ponernos de acuerdo… Le llevaba el guión de la obra en donde ya figuraba la letra de las canciones y le decía lo que pensaba y quería para la música, ambos opinábamos y exponíamos nuestros puntos de vista y luego Marcelo le imprimía su enorme creatividad y al tiempo teníamos los bocetos musicales. Con el correr de los espectáculos eso ya no fue necesario y prácticamente resolvemos la cuestión por mail, con algún que otro encuentro para acordar nuestras visiones estéticas. Claro que en diez años de trabajo han existido diferencias de criterio, sospecharía si no las hubiera. Estas diferencias forman y son parte de los procesos de creación artística que deben naturalizarse y si se cuenta con la suficiente inteligencia emocional concluyen en un mejor resultado artístico, enriqueciendo el trabajo.  


3-¿Cuál es la historia de  "Lácudra, el vampiro"?
 

Lácudra cuenta la historia del Conde Vladimiro Ernestino Lácudra, quien es Gerente de una empresa “Transnacional” llamada “Transilvania” que se dedica a la explotación de la soja “Transgénica” con grasas “Trans”, en un pueblo ficticio ubicado en la provincia de Buenos Aires llamado la estaca de la Vera Cruz, más precisamente en la morada del Conde Gerente llamada “La Sangre”… ¡No perdón quiero decir la estancia “La Sangría”, la que rima con alegría!…  


4-  ¿Cómo fue el proceso con respecto a la dramaturgia?
 

Generalmente lo que intento hacer en un principio es establecer que es lo que quiero decir, una vez establecido el “tema” comienza un trabajo que disfruto muchísimo que es el de la escritura (dramaturgia), porque me divierto enormemente imaginando las situaciones, las peripecias que viven los personajes al ponerlos en situaciones extraordinarias, vivo la aventura y la cuento como me gustaría que me la cuenten a mí. Para este espectáculo me valí de la rica iconografía vampírica, que se encuentra instalada en el imaginario colectivo, a partir de la célebre novela de Bram Stoker, “Drácula”, que me permite realizar una analogía con esas personas que sólo actúan en su propio beneficio, sin importarles las consecuencias de sus actos, como metáfora del vampiro que nos “chupa la sangre” y al mismo tiempo jugar con los clichés de los vampiros aportando la cuota de humor y suspenso suficiente para deleitar a la platea.  


5- ¿Como abordaste  el trabajo escénico  y actoral en esta obra?
 

El trabajo escénico debe ser una apuesta a la creatividad, proponiendo espacios de teatralidad que sorprendan y que despierten la emoción estética. Pero la sorpresa como recurso en sí mismo, corre el riesgo de convertirse en algo estéril, entonces debe direccionarse en función de favorecer lo que se propone el espectáculo, permitiendo narrar la acción de forma divertida, entretenida, interesante y poética. En lo vinculado al trabajo con el actor, lo primero que hay que entender es que el actor es la parte más frágil de la puesta en escena, porque es el que está solito con su alma allí en el escenario, poniendo el cuerpo, exponiéndose frente al público, a los jurados y a la crítica especializada. Es por ello que pienso que por sobre todas las cosas hay que aprender a escucharlos, a ser pacientes, a guiarlos… A la vez que también hay que propiciarles el espacio adecuado de trabajo para que se sientan cómodos y confiados y  de esa manera generar las mejores condiciones para desarrollar y potenciar su creatividad. También el director debe brindar las herramientas necesarias para que en el lugar dónde surjan las dificultades, los actores tengan la forma de resolverlas. Algunas de estos conceptos también son aplicables al trabajo con los otros hacedores del hecho teatral que participan en la creación de un espectáculo, como los escenógrafos, los vestuaristas, los maquilladores, los realizadores de multimedia, los técnico, etc.   


6- ¿Cuál es la respuesta de los chicos frente a la propuesta?
 

A los chicos les fascina la obra, lo pasan muy bien, y eso se puede observar a partir de la atención que mantienen durante todo el espectáculo. Esa delicada concentración, más la risas, los aplausos, los silencios, los comentarios, son la prueba cabal del disfrute que les provoca la obra. Uno de esos aprendizajes que en estos 10 años de labor ininterrumpida en la querida sala Carlos Carella, que año tras año a través del Sindicato de Empleados de Comercio, nos abre generosamente sus puertas para mostrar nuestro arte, está vinculado a que cuando a un niño la propuesta no lo seduce, lo manifiesta de inmediato, hablando, distrayéndose, pidiendo para ir al baño, hamacándose en la butaca o directamente utilizando la sala como patio de juegos.  ¡Cabe aclarar que eso con Lácudra, el vampiro, afortunadamente no sucede!…
 

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