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02-01-2020

Silencio, niños jugando.

Anagrama Centro Psicológico nos habla del juego.

Silencio, niños jugando.

Suele asociarse el jugar con la infancia, como el tiempo predilecto para desarrollar tal actividad por estar ligada a lo placentero. Pensamos que la tarea de los niños es jugar, como una manera de ocupar su tiempo ocioso o como una función recreativa, “para que se entretengan”. Pero se desconoce qué hay detrás de esta actividad, que lejos de ser un tema menor, cumple una función necesaria en el desarrollo de nuestros niños.

El juego no es una función innata, sino que como todas las grandes esferas que comprenden a la vida de un niño, se desarrolla a través del vínculo con otro. Desde los primeros tiempos, comienzan a darse interacciones lúdicas que estimulan y ejercen un fuerte influjo sobre los niños.

Las canciones, los balbuceos o repeticiones rítmicas, el famoso “a-jo” son los precursores del espacio de juego. A medida que los bebés crecen, el juego también se va desarrollando a la par, complejizándose. Aparecen los juegos corpóreos, sensoriales, “que linda manito que tengo yo”, “donde está mamá? - acá está”. Dichos juegos cumplen funciones fundamentales que favorecen el desarrollo y la constitución psíquica de los niños.

Al llegar a determinada edad, el juego se instaura con su máxima determinación para favorecer la elaboración de los sucesos que conforman su realidad. Los niños mediante el juego pueden tornar activo lo que viven de forma pasiva.

Somos los adultos quienes comandamos sus acciones cotidianas, los que les decimos qué hacer, en qué momento y muchas veces de qué forma. Así, a medida que van jugando, van procesando y elaborando el mundo que los rodea. Mundo que muchas veces aparenta ser caótico, invasivo, con normas que no llegan a comprender, y que en definitiva les es difícil, por no decir imposible, de controlar voluntariamente. Por lo tanto mediante el juego transforman eso que vivieron sin poder controlarlo, en algo activo, donde son los protagonistas. Reelaboran y así aprenden.

El juego configura una distancia prudente con la realidad, y los niños pueden separar muy bien lo que sucede en un lado y en otro. Al tomar distancia, pueden anticiparse y prepararse, aventurarse a nuevos desafíos sabiendo que no corren riesgos o pueden volver a experimentar aquello vívido que los desbordo. Cómo un espacio para adquirir los recursos que su inmadurez les escatima. Jugar a que venga el monstruo que asusta, a la doctora que examina la panza que duele o poner en penitencia a los peluches,

suele experimentarse mediante el juego de forma diferente a cómo fue vivido por ellos. Invierten los papeles y de esa forma se liberan, reproducen lo vivido, lo procesan y ensayan distintas respuestas posibles. Se empieza a constituir como una preparación para el futuro.

Por eso, se suele decir que el juego es el trabajo de los niños.

Ahora es importante entender que el juego no se da espontáneamente, ni de forma innata. Cuando hay ausencia de juego o deseo de jugar en los niños, es sinónimo de que algo anda mal. Por tal razón es de suma importancia realizar una oportuna consulta profesional con Psicología infantil, para poder entender el cuadro que lleva a ese niño a no poder jugar y destrabar las contingencias de su vida que le están impidiendo este valioso recurso.

Lic. Astrid Eilenberger- Psicóloga Infantil
MN 45698 - MP 97276
Anagrama Centro Psicológico
11 3562-7363

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